A l o largo de sus ya más de 200 años de historia, Bolivia no se ha caracterizado precisamente por tener gobernantes generadores de fuentes de empleo, sino todo lo contrario, y ese parece ser un rasgo lamentable que marca la evolución histórica del país, sin importar el color del partido político.
Ejemplos de las erróneas políticas que provocaron y continúan ocasionando el crecimiento del desempleo, hay muchos: desde la privatización, impuestos y otros cobros exagerados y -considerados por muchos- hasta extorsivos para los inversionistas extranjeros, pasando por medidas que causan la quiebra o cierre de empresas, hasta disposiciones como el famoso decreto 21060, que dejó a millares de bolivianos sin empleo.
Lo que queda claro es que por esas disposiciones y otras que continúan actualmente, el mercado laboral en Bolivia se ha reducido a su mínima expresión y conseguir trabajo es cada vez más difícil.
Frente a esa dramática realidad, surge un sector frecuentemente criticado y hasta satanizado: el de las cooperativas mineras, un rubro que no solo genera ingresos económicos para el país, sino que acoge a millares de ciudadanos bolivianos, hombres y mujeres, que no han podido encontrar trabajo en otras áreas.
Y es que en filas del sistema minero cooperativo se puede encontrar actualmente no solo personas provenientes de familias o localidades vinculadas con la minería, sino también a profesionales de las más diversas ramas: periodistas, ingenieros, abogados, maestros, economistas, etc.
Otro aspecto que se debe mencionar es que, gracias a las cooperativas mineras, no solo encuentran fuentes de sustento o de subsistencia personas o individuos, sino familias enteras y son centenares de miles.
En resumen, el cooperativismo minero se ha constituido en el rubro que más combate el desempleo en el país, es una opción no tan difícil de acceder para muchos bolivianos sin trabajo.
Por supuesto, las consideraciones expuestas no significan en absoluto un intento de eximir a este sector del cumplimiento de las normas legales, especialmente ambientales, algo que los propios directivos de las federaciones del rubro exigen a sus afiliados.
Para concluir y a riesgo de ser reiterativo, es menester ver lo positivo del cooperativismo minero, un rubro sin el cual Bolivia tendría cifras aún más rojas en materia de desempleo.
Jhonny Silva Gómez
Abogado especialista
Derecho Minero
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