
La historia de Bolivia está llena de episodios de lucha, de derrotas a los tiranos, pero también de facetas oscuras y jornadas de derramamiento de sangre de bolivianos, simplemente por defender la democracia y los intereses nacionales.
En muchos de esos sucesos, los protagonistas de la lucha y también víctimas de la represión militar fueron trabajadores mineros y sus familias.
Uno de esos sangrientos episodios es conocido como “La Masacre de San Juan”, porque ocurrió entre la noche del 23 y la madrugada del 24 de junio, en 1967, cuando la represión militar llegó a los distritos mineros de Siglo XX y Catavi, localidades del municipio de Llallagua del departamento de Oruro, durante el régimen de facto de René Barrientos Ortuño.
El presidente Luis Arce honró la memoria de los caídos en la “Masacre de San Juan” y afirmó que episodios como ese no deben repetirse.
“A 57 años de la ‘Masacre de San Juan’, rendimos homenaje a los caídos en ese brutal asalto militar. La historia nos enseña que cuando se prioriza aspiraciones personales y se quiebra la institucionalidad democrática, el pueblo sale lastimado. La memoria histórica es muy importante para que episodios tan funestos no vuelvan a repetirse”, escribió el mandatario en sus redes sociales.
Arce recordó que, la madrugada del 24 de junio de 1967, “el gobierno de facto de René Barrientos instruyó el asesinato de decenas de hermanas y hermanos mineros, incluidas sus familias, que fueron acribillados a quemarropa, mientras celebraban la tradicional noche de San Juan, en los campamentos mineros de Siglo XX y Catavi”.
“El objetivo de esta cruel masacre fue apagar sus reivindicaciones laborales y su lucha revolucionaria”, posteó.
El gobierno de Barrientos había bajado los salarios, desabastecido las pulperías, prohibido el fuero sindical y perseguido a dirigentes políticos y sindicales.
El 24 de junio de 1967 se iba a realizar el ampliado nacional de los mineros en Siglo XX, con el fin de definir medidas de presión para exigir un aumento salarial y otras reivindicaciones. Sin embargo, el encuentro no se llevó a cabo por la ocupación y sangrienta represión militar que –según registros históricos- derivó en la muerte de al menos 27 personas, más de 80 heridos y hasta 200 desaparecidos, entre hombres, mujeres y niños. Hay historiadores que consideran que la cifra de fallecidos superó el centenar.
Resulta por demás evidente que la represión gubernamental no debe repetirse contra quienes simplemente defienden la democracia en Bolivia o solo piensan diferente, a quienes tienen en sus manos el poder, y menos aún con derramamiento de sangre de los bolivianos. La tiranía debe ser frenada y condenada sin importar si los tiranos son de derecha o de izquierda.
FUENTE: ERBOL
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